14 de septiembre de 2011

Bailar con el más feo

Seguro que más de una os reconoceréis en esta historia: La verbena de las fiestas de un pueblo, tocan pasodoble (u otro baile, no importa), los mozos sacan a las mozas a bailar y a mí para variar, no me saca nadie...y menos él, que no está o al menos no le veo. Una vez me sacó a bailar, ese momento fue el más feliz de mi vida, como si el mundo se hubiera parado en ese instante y yo ya ni tan siquiera escuchara la música tocando porque mis sentidos sólo funcionaban para verle, olerle, tocarle, besarle. El resto de veces que bailé con él lo hice en sueños, eran incluso mejores esas veces, porque todo era más intenso, más largo...pero ahora estoy en la verbena y después de un rato me saca a bailar el más feo, mis sentidos se concentran en los acordes musicales y en el resto de parejas, mi mirada está ausente. Bailar con el más feo, el que siempre está ahí para ti, aunque tu corazón no dé un vuelco por él. El feo simboliza la seguridad, la certidumbre. Después de unos años yendo a la verbena y bailando con el más feo, te decides por él, cansada de esperar a tu príncipe azul. Justo cuando te has decidido, ¡oh, no dios mío!, no puede ser, ¿es él? ¿viene hacia mí? Si tú me dices ven lo dejo todo, como en la canción. Pero todo todo. Dejo al feo, la verbena y lo que haga falta. Ese subidón de adrenalina, ese vuelco del estómago y del corazón. Quiero dejarme llevar o que me lleve. Entonces se acerca hacia mí, el feo ya no existe porque nadie más existe, sólo nosotros, ni la música importa demasiado porque estoy entre los brazos del chico más guapo del pueblo. Y lo dejo todo. Aunque sepa de antemano que él no estará ahí para mí, que es sólo un ratito, que después del pasodoble sonreirá y quizá me besará fugazmente y me dejará allí esperando hasta la próxima vez.
Esta es la sensación del interino por estos lares. Cuando ya te has hecho a la idea de que tendrás esto o lo otro, aunque sea poco, aunque sea lejos. Cuando ya te has resignado a bailar con el más feo, viene el otro a ponerlo todo patas arriba. Viene otra oportunidad. Aparece la adrenalina, el deseo, el vuelco en el estómago... ¿si tú me dices ven lo dejo todo?

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