31 de marzo de 2011
Una habitación propia compartida
Mi amor soñado. El verbo hecho carne. De tu paraíso acuático y tropical a mi pecho primero y luego a mis brazos. No me canso de mirarte. Un contemplarte en sí mismo que quita el sueño. Eres preciosa, la cosa más bonita que he visto nunca. Parece como si siempre te hubiera querido. Parece como si siempre hubiera sido madre. Ya nada será lo mismo: ahora entiendo el sentido de esa cantinela. Habitas en mi mente cada instante que no estoy contigo. Qué hermoso traerte al mundo y qué duro. No me canso de mirarte mientras te alimentas de mí. Momentos... La calma y la perfección en el silencio de algunas noches cuando te amamanto. Tu sonrisa. Primero como reflejo inconsciente mientras dormías y ahora como reconociendo la voz y el gesto de tu progenitora. El nuevo ser aprendiendo a vivir. Y la nave nodriza encogiéndose. El cuerpo semi roto, reconciliándose consigo mismo; las hormonas haciendo su trabajo mientras cicatrizan las heridas; la líbido que se empeña en esconderse en lugares recónditos de la rutina; la soledad, a veces, acechando agazapada. El tiempo para la belleza o la literatura se encuentra en stand-by. Si acaso tiempo acrobático para la digestión, la higiene y el sueño interrumpido. No me canso de mirarte. Aunque eso sólo me permita esbozar a modo de poema este inventario de una madre primeriza entre la euforia, la emoción y el cansancio.
2 de diciembre de 2010
A falta de lugares, buenos son recuerdos (y el recuerdo de un olor...o de muchos)
A lo tonto, es decir, entre una semana de baja por la espalda, una semana en casa por los obreros y después directa al trabajo, otra semana de baja y ésta en casa por la ola de frío polar y el trabajo, vamos que llevo casi un mes sin pisar la calle como dios manda o como a mí me gusta.
Perderme por Gante sola (qué placer...) meterme en las tiendas, caminar sin más...oler los gofres (y de vez en cuando zamparme alguno) y las patatas fritas... En fin, que el enclaustramiento lleva a la nostalgia y de ahí que recupere uno de mis poemas...ya que no puedo estar allí en mucho tiempo (tres meses ya sin ir y lo que me queda...) vaya mi recuerdo...
Perderme por Gante sola (qué placer...) meterme en las tiendas, caminar sin más...oler los gofres (y de vez en cuando zamparme alguno) y las patatas fritas... En fin, que el enclaustramiento lleva a la nostalgia y de ahí que recupere uno de mis poemas...ya que no puedo estar allí en mucho tiempo (tres meses ya sin ir y lo que me queda...) vaya mi recuerdo...
El olor de El Burgo
A qué huelen los recuerdos.
A qué huele lo que nos llevamos al exilio.
El olor de la leña y de la lumbre
el olor del puchero.
El té de montaña.
Excrementos de oveja sobre el musgo verde.
Las noches adolescentes en la Cruz del Siglo.
El aroma de los chopos
ascendiendo a la Pared Finita.
El cigarrillo compartido
con un beso en la arboleda.
El olor de El Burgo
es siempre
el olor de sus campanas,
el pan recién hecho del horno
los níscalos fritos en la sartén,
las castañas tostadas en el fogón.
Olor tiene el ganchillo, el punto, la labor,
el runrún de la máquina de coser,
el torreznillo y la morcilla,
el incienso de la catedral,
la añoranza de sus hijos pródigos
en la humedad del soportal.
El olor de El Burgo es el olor
del hilo de una fábrica textil
y el calor a chorro de los ventiladores.
El olor de las golondrinas,
el olor del sol,
del río
en los atardeceres del verano de mi juventud.
El olor de la jota y de los cánticos
el olor de las charangas,
de la sangre impregnando la arena del ruedo.
El olor del Burgo
es también el olor de los crisantemos
marchitándose en el camposanto
y de los columpios balanceándose
en el parque.
Es un olor y lo son todos
Olores que guardo
en una caja de pandora
Y que libero en mis ensoñaciones.
(septiembre de 2008)
A qué huelen los recuerdos.
A qué huele lo que nos llevamos al exilio.
El olor de la leña y de la lumbre
el olor del puchero.
El té de montaña.
Excrementos de oveja sobre el musgo verde.
Las noches adolescentes en la Cruz del Siglo.
El aroma de los chopos
ascendiendo a la Pared Finita.
El cigarrillo compartido
con un beso en la arboleda.
El olor de El Burgo
es siempre
el olor de sus campanas,
el pan recién hecho del horno
los níscalos fritos en la sartén,
las castañas tostadas en el fogón.
Olor tiene el ganchillo, el punto, la labor,
el runrún de la máquina de coser,
el torreznillo y la morcilla,
el incienso de la catedral,
la añoranza de sus hijos pródigos
en la humedad del soportal.
El olor de El Burgo es el olor
del hilo de una fábrica textil
y el calor a chorro de los ventiladores.
El olor de las golondrinas,
el olor del sol,
del río
en los atardeceres del verano de mi juventud.
El olor de la jota y de los cánticos
el olor de las charangas,
de la sangre impregnando la arena del ruedo.
El olor del Burgo
es también el olor de los crisantemos
marchitándose en el camposanto
y de los columpios balanceándose
en el parque.
Es un olor y lo son todos
Olores que guardo
en una caja de pandora
Y que libero en mis ensoñaciones.
(septiembre de 2008)
26 de noviembre de 2010
Mira si yo te querré
Cuando estoy en tierra extraña
y contemplo tus colores
y me acuerdo de mi España
mira si yo te querré.
y contemplo tus colores
y me acuerdo de mi España
mira si yo te querré.
Así reza el Pasodoble de la Bandera, el pasodoble que con voz orgullosa y gesto grave cantan los legionarios al ritmo de la música del desfile. Es también el título de una novela de Luis Leante, una novela que me acompaña durante los últimos tres años en que la leemos en clase y que lleva una historia (y también parte de la Historia) que sigue estando de plena actualidad. Hablo del Sáhara Occidental, la última colonia de África. El Sáhara Occidental era una colonia española, pero al morir Franco y dejados a su suerte, los saharauis fueron devorados por el ejército marroquí durante la Marcha Verde de 1975. Actualmente el Sáhara Occidental está dividido en dos partes, los territorios reconquistados por el Frente Polisario (brazo político y militar saharaui) y aquellos dominados por Marruecos. Entre estas dos partes se alza un muro minado de punta a punta que mide 60 veces más que el muro de Berlín (!!!!!!). ¿Por qué habrá muros de los que nadie habla, muros tan mudos?
Es curioso que en España se hable tanto de memoria pero por otro lado "amnestesie" la memoria de las responsabilidades históricas para con este territorio olvidado. Creo que España tenía y tiene quizá aún el deber moral de amparar su independencia. Los saharauis no quieren ser marroquís, no quieren ser españoles. Llevan reclamando su identidad y su territorio robado durante treinta años. Treinta años en los que 200.000 de ellos, viven refugiados en campamentos de la vecina Argelia donde han levantado sus jaimas, abierto sus escuelas y dispensarios y por donde las mujeres pasean sus melfas de colores. Una patria prestada. La sociedad saharaui, a pesar del exilio, es la sociedad más avanzada e igualitaria del mundo musulmán. Sus campamentos exiliados tienen los nombres de sus pueblos y ciudades perdidas: El Aaiún, Smara... Se llaman a sí mismos “hijos de las nubes”, porque desde que tienen conciencia, vivien persiguiendo la lluvia.
Durante los últimos meses, varios han sido los acontecimientos que nos han despertado del letargo para concienciarnos sobre este asunto: la huelga de hambre de Aminatu Haidar en el aeropuerto de Lan zarote y los últimos días el desmantelamiento de los campamentos saharauis en el Aaiún. Todavía recuerdo que la primera vez que supe algo sobre los saharuis fue a raíz de las acogidas de niños en verano que se llevan a cabo en España desde hace algunos años. Creo que incluso en El Burgo hubo familias que los acogieron (e incluso una o dos que los adoptaron definitivamente). Menos mal que existe la solidaridad de la gente corriente que, afortunadamente, está al margen de los vaivenes de los gobiernos y los países.
Pero como dice el viejo probervio africano: la mano que recibe está siempre debajo de la mano que da.
Pero como dice el viejo probervio africano: la mano que recibe está siempre debajo de la mano que da.
16 de noviembre de 2010
Universo premamá
Como pato en el agua. La gimnasia no es para mí, nunca lo ha sido, así que ahora embarazada, meeenos. Pero es necesario, hay que moverse para evitar males mayores en la espalda, en las piernas, etc. Gimnasia acuática para barrigudas, un espectáculo. Pero que no, que yo no soy nada deportista. Que como dice Alex, ya no es que yo no tenga espíritu competitivo y que no me suba la adrenalina el ganar, es que para mí el mejor momento de un deporte, es el momento de parar... Y como no soy nada deportista, me siento fuera de lugar en esos ambientes. Llego allí (a la piscina) y no sé cómo comportarme ni adónde tengo que ir. Hago lo que hacen otros. Ahora es fácil porque busco barrigudas y me digo, que ellas al agua a calentar pues yo también. Que ellas van hacia ese lado donde parece que hay una monitora, pues yo idem. No tengo ni personalidad ni autonomía deportiva.
Luego están las barreras arquitectónicas, el mundo no está hecho para embarazadas ni para carritos. Los tranvías reservan en Bélgica asientos para ancianos, madres con bebés en los brazos o lisiados pero no para embarazadas. A las embarazada se las trata aquí demasiado normal, para mi gusto. A menudo oigo a gente (española) que me dice la siguiente frase: déjate mimar. Flipo con esa frase. ¡Qué ironía! Aquí en lugar de mimarte te putean. Es como si la sociedad (y sus individuos) la tomaran contigo porque no llegas a todo, porque te cansas, porque te quejas, porque te enfermas. Luego lo de los conductores de tranvía es la pera limonera. Y es que aquí te dejan tirado aunque estés ya cerca de la puerta. El otro día iba a coger el tranvía. Me puse delante de él, le hice una señal y cuando me retiré para subir, ¡el chófer tuvo los huevos de irse!. Luego hablan de violencia contra los conductores de autobuses y tranvías aquí. Si le llego a pillar yo a ese. Con lo cansada que salía yo de la consulta del fisio, craqueada en tres puntos, como si me hubieran dado una somanta palos...y va él me deja allí tirada como un perro.
Inventario de quejas. Un título para mi próxima entrada.
Luego están las barreras arquitectónicas, el mundo no está hecho para embarazadas ni para carritos. Los tranvías reservan en Bélgica asientos para ancianos, madres con bebés en los brazos o lisiados pero no para embarazadas. A las embarazada se las trata aquí demasiado normal, para mi gusto. A menudo oigo a gente (española) que me dice la siguiente frase: déjate mimar. Flipo con esa frase. ¡Qué ironía! Aquí en lugar de mimarte te putean. Es como si la sociedad (y sus individuos) la tomaran contigo porque no llegas a todo, porque te cansas, porque te quejas, porque te enfermas. Luego lo de los conductores de tranvía es la pera limonera. Y es que aquí te dejan tirado aunque estés ya cerca de la puerta. El otro día iba a coger el tranvía. Me puse delante de él, le hice una señal y cuando me retiré para subir, ¡el chófer tuvo los huevos de irse!. Luego hablan de violencia contra los conductores de autobuses y tranvías aquí. Si le llego a pillar yo a ese. Con lo cansada que salía yo de la consulta del fisio, craqueada en tres puntos, como si me hubieran dado una somanta palos...y va él me deja allí tirada como un perro.
Inventario de quejas. Un título para mi próxima entrada.
2 de noviembre de 2010
De todos los muertos y vivos
Todos están en alguna parte.
Los muertos
en la frialdad del mármol
o en la tierra con olor a crisantemo.
Todos.
Los muertos que recordamos y los que no;
los muertos que extrañamos y los que no;
Todos
están en un camposanto o en nuestra mente
y los honramos con flores o con el pensamiento
cualquier día.
Me gusta más “día de todos los muertos” y no “día de todos los santos”.
La mayoría de nuestros muertos nunca serán santos.
La muerte y la ausencia.
Hay ausencias más dolorosas que las del camposanto.
La nueva vida,
ajena,
reinvindicándose en el vientre materno.
Otra vez la quietud marmórea
de los nombres y fechas
como resucitados por la luz de una vela;
Las arañas colonizándolo todo
hasta mi descanso nocturno,
perturbándolo,
país de arañas y mosquitos
uno a otro se disputan la supervivencia
en este país lluvioso
que por el número de estos insectos
parece tropical.
Tus patadas me sustraen de esos pensamientos macabros.
De esta nueva vida
soy solo una mensajera.
Tan unida a ti
y tú, sin embargo,
tan independiente.
En todos los países hay cementerios
y en todas partes se enjendran nuevas vidas.
Gante, 2 de noviembre de 2010
Los muertos
en la frialdad del mármol
o en la tierra con olor a crisantemo.
Todos.
Los muertos que recordamos y los que no;
los muertos que extrañamos y los que no;
Todos
están en un camposanto o en nuestra mente
y los honramos con flores o con el pensamiento
cualquier día.
Me gusta más “día de todos los muertos” y no “día de todos los santos”.
La mayoría de nuestros muertos nunca serán santos.
La muerte y la ausencia.
Hay ausencias más dolorosas que las del camposanto.
La nueva vida,
ajena,
reinvindicándose en el vientre materno.
Otra vez la quietud marmórea
de los nombres y fechas
como resucitados por la luz de una vela;
Las arañas colonizándolo todo
hasta mi descanso nocturno,
perturbándolo,
país de arañas y mosquitos
uno a otro se disputan la supervivencia
en este país lluvioso
que por el número de estos insectos
parece tropical.
Tus patadas me sustraen de esos pensamientos macabros.
De esta nueva vida
soy solo una mensajera.
Tan unida a ti
y tú, sin embargo,
tan independiente.
En todos los países hay cementerios
y en todas partes se enjendran nuevas vidas.
Gante, 2 de noviembre de 2010
13 de octubre de 2010
la dolorosa
Mi médico de cabecera es un hippie.
Al principio nos resultó rarísimo pero ya nos vamos acostumbrando. Es verdad que se trata de un hippie pero no de los radicales aunque conserva con nostalgia la melena, eso sí.
En Bélgica cuando vas al médico, vas a su casa. En la sala de espera, te da tiempo a curiosear a traves de la puerta de cristal que te separa del resto de la vivienda y a imaginar cómo será el resto de la casa y esas cosas; para quitarte los nervios. Yo siempre me pongo nerviosa cuando tengo que ir al médico. No sé si será por el diagnóstico, por el idioma o por el médico mismo que me intimida un poco. Los médicos de cabecera en Bélgica son hombres normales y no llevan bata blanca. Te atienden tomándose un café y con la página del facebook abierta. La consulta es un mini ambulatorio donde todo es posible desde sacarte sangre, sin ayuno ni previo aviso, hasta quitarte unos puntos en un plis plas. En Bélgica puedes ir al médico que más rabia te dé. Y lo más lógico es que escojas uno que viva cerca de tu casa (o tú cerca de él). Bien, como iba diciendo desde que nos mudamos a este barrio vamos a este médico hippilón. Los dossieres de los pacientes los escribe a mano (o quizá sea sólo el mío porque, al ser inmigrante, igual piensa que me voy a marchar cualquier día de estos y no le compensa pasarlo a la versión electrónica), anota cosas y hace dibujos mironianos. Mi médico de cabecera no es convencional. Fuma como un carretero, aunque nunca lo he visto fumando en la consulta, pero lo he olido y creedme no hay olor que se le resista a una embarazada de seis meses. Cuando me di cuenta de que fumaba, me pregunté “¿Pueden los médicos fumar?”, en teoría fumar es malo y los médicos son los que te dicen que no fumes (¿???) pero se ve que es también un gran deportista, o sea que compensa los pitillos con carreras maratonianas junto al maratónman ése del que os hablé en otra de mis entradas, que corre maratones por Gante todos los días. Uno se pregunta si es seguro confiar en un médico que echa humo como una cafetera. Es como en la película flamenca que vimos el sábado, “sm- rechter”, en la que un juez es destituido de su puesto porque se descubre que practica el sadomasoquismo con su mujer y además filman sus brutales sesiones. ¿Está ligada la vida privada la la pública en ciertas profesiones? Es poco más o menos como si mis alumnos de pronto descubrieran que voy al cine Kinépolis con un tambor de palomitas...A los belgas no les gustan los hábitos mundanos, están mal vistos por la sociedad. Está mal visto ir a ver pelis comerciales, ver la tele, ir a la playa a torrarse, comprar en grandes centros comerciales... Bélgica es la meca de lo alternativo, y los hay bastante radicales en este sentido. Bueno a lo que iba, a mi médico todavía no le he visto sacar el látigo, eso no. Ayer fui a ponerme la vacuna de la gripe. Le comenté mi pavor a las agujas, siempre lo hago para quitarme los nervios, sé que sueno un poco infantil (sobre todo en neerlandés) mirando al médico que me va a sacar sangre o pinchar como un corderillo en el matadero. Cargó la pistola puntiaguda y tras! Me clavó la vacuna en un santiamén. He de decir que no me dolió, entretanto contó algunas bromas y yo miré para otro lado. A él le resulto gracioso que me diera yuyu. Después me preguntó que qué tal me sentía por lo demás, con el embarazo y todo eso, y yo le dije que bien, pero que notaba mucha presión en el bajo vientre, como incontinencia urinaria al andar y él me recomendó que hicera el pino una hora al día para aliviar la presión que ejerce el útero sobre la vejiga. Qué gracioso es.
Todavia recuerdo otra de sus bromillas al principio del embarazo. Le pregunté si podía comer de todo o si había algún alimento que debía evitar y el me contestó que podía comer de todo menos productos comprados en el Colruyt (cadena de supermercados para la que trabaja Alex, paciente suyo también...). El tío tiene chispa. Pero a pesar de la melena, el olor a tabaco, los gestos raros e instantes pensativos, me cae bien. Es un médico al que le puedes preguntar cosas, puedes hablar con él como lo harías en España y eso aquí es difícil de encontrar. Los médicos son muy pragmáticos, te atienden lo justo, te recetan lo mínimo y mantienen las distancias. Los médicos y los belgas en general no son gente muy simpática a primera vista; su empatía está siempre en servicios mínimos.
Para terminar: a lo que no me acostumbro es a tener que sacar la guita al final de la consulta. Menos mal que este médico no tiene una máquina de las que saca la factura con ruido de caja registradora, entonces ya si que te sientes como en un súper. Tiene cojones la cosa, después del pinchazo, en Bélgica todavía te queda la otra dolorosa.
Al principio nos resultó rarísimo pero ya nos vamos acostumbrando. Es verdad que se trata de un hippie pero no de los radicales aunque conserva con nostalgia la melena, eso sí.
En Bélgica cuando vas al médico, vas a su casa. En la sala de espera, te da tiempo a curiosear a traves de la puerta de cristal que te separa del resto de la vivienda y a imaginar cómo será el resto de la casa y esas cosas; para quitarte los nervios. Yo siempre me pongo nerviosa cuando tengo que ir al médico. No sé si será por el diagnóstico, por el idioma o por el médico mismo que me intimida un poco. Los médicos de cabecera en Bélgica son hombres normales y no llevan bata blanca. Te atienden tomándose un café y con la página del facebook abierta. La consulta es un mini ambulatorio donde todo es posible desde sacarte sangre, sin ayuno ni previo aviso, hasta quitarte unos puntos en un plis plas. En Bélgica puedes ir al médico que más rabia te dé. Y lo más lógico es que escojas uno que viva cerca de tu casa (o tú cerca de él). Bien, como iba diciendo desde que nos mudamos a este barrio vamos a este médico hippilón. Los dossieres de los pacientes los escribe a mano (o quizá sea sólo el mío porque, al ser inmigrante, igual piensa que me voy a marchar cualquier día de estos y no le compensa pasarlo a la versión electrónica), anota cosas y hace dibujos mironianos. Mi médico de cabecera no es convencional. Fuma como un carretero, aunque nunca lo he visto fumando en la consulta, pero lo he olido y creedme no hay olor que se le resista a una embarazada de seis meses. Cuando me di cuenta de que fumaba, me pregunté “¿Pueden los médicos fumar?”, en teoría fumar es malo y los médicos son los que te dicen que no fumes (¿???) pero se ve que es también un gran deportista, o sea que compensa los pitillos con carreras maratonianas junto al maratónman ése del que os hablé en otra de mis entradas, que corre maratones por Gante todos los días. Uno se pregunta si es seguro confiar en un médico que echa humo como una cafetera. Es como en la película flamenca que vimos el sábado, “sm- rechter”, en la que un juez es destituido de su puesto porque se descubre que practica el sadomasoquismo con su mujer y además filman sus brutales sesiones. ¿Está ligada la vida privada la la pública en ciertas profesiones? Es poco más o menos como si mis alumnos de pronto descubrieran que voy al cine Kinépolis con un tambor de palomitas...A los belgas no les gustan los hábitos mundanos, están mal vistos por la sociedad. Está mal visto ir a ver pelis comerciales, ver la tele, ir a la playa a torrarse, comprar en grandes centros comerciales... Bélgica es la meca de lo alternativo, y los hay bastante radicales en este sentido. Bueno a lo que iba, a mi médico todavía no le he visto sacar el látigo, eso no. Ayer fui a ponerme la vacuna de la gripe. Le comenté mi pavor a las agujas, siempre lo hago para quitarme los nervios, sé que sueno un poco infantil (sobre todo en neerlandés) mirando al médico que me va a sacar sangre o pinchar como un corderillo en el matadero. Cargó la pistola puntiaguda y tras! Me clavó la vacuna en un santiamén. He de decir que no me dolió, entretanto contó algunas bromas y yo miré para otro lado. A él le resulto gracioso que me diera yuyu. Después me preguntó que qué tal me sentía por lo demás, con el embarazo y todo eso, y yo le dije que bien, pero que notaba mucha presión en el bajo vientre, como incontinencia urinaria al andar y él me recomendó que hicera el pino una hora al día para aliviar la presión que ejerce el útero sobre la vejiga. Qué gracioso es.
Todavia recuerdo otra de sus bromillas al principio del embarazo. Le pregunté si podía comer de todo o si había algún alimento que debía evitar y el me contestó que podía comer de todo menos productos comprados en el Colruyt (cadena de supermercados para la que trabaja Alex, paciente suyo también...). El tío tiene chispa. Pero a pesar de la melena, el olor a tabaco, los gestos raros e instantes pensativos, me cae bien. Es un médico al que le puedes preguntar cosas, puedes hablar con él como lo harías en España y eso aquí es difícil de encontrar. Los médicos son muy pragmáticos, te atienden lo justo, te recetan lo mínimo y mantienen las distancias. Los médicos y los belgas en general no son gente muy simpática a primera vista; su empatía está siempre en servicios mínimos.
Para terminar: a lo que no me acostumbro es a tener que sacar la guita al final de la consulta. Menos mal que este médico no tiene una máquina de las que saca la factura con ruido de caja registradora, entonces ya si que te sientes como en un súper. Tiene cojones la cosa, después del pinchazo, en Bélgica todavía te queda la otra dolorosa.
6 de octubre de 2010
Ventanas, mujeres, vacas y autos
Cambios, cambios, cambios... La tripa que crece, la picazón de la piel del abdómen, las palpitaciones nocturnas, las temidas hemorroides... Un facelift para nuestra casa: las ventanas y la puerta principal están (por fin!) elegidas, medidas y en producción (por qué hay tantos colores y materiales donde elegir??), a mediados de noviembre hará su aparición el gremio obrero en mi casa para aislar, poner suelo y mejorar el desván que se convertirá en una habitación más de la casa; mejorar el circuito de la electricidad aprovechando que la pared de la habitación del bebé está abierta (cuántos interruptores y dónde los quieres?) Los belgas tienen la cualidad o la maldición de querer hacerlo todo por sí mismos, de ahí que existan tiendas que se llaman "hazlo por ti mismo" (doe het zelf!) el bricolage y las obras en casa son un hobby nacional (eso y trabajar en sus respectivos jardines...); elegir los colores de las paredes de la habitación del bebé y los muebles; trasladar el despacho al segundo piso, elegir los colores para pintar esa habitación; pintar la fachada, pedir presupuestos; después de cinco años toca cambiar el coche de la empresa, elegir marca, modelo, color...cambios, cambios, cambios... En medio de la vorágine un oasis: un mini taller sobre los beneficios de amamantar a tu hijo. De repente estoy en una habitación con un montón de mujeres embarazadas y un hombre (el único padre presente que ya se está arrepintiendo de haber acompañado a su pareja); ver en una presentación powerpoint ese milagro de la naturaleza no me crea una identificación inmediata, parece que no fuera conmigo, si no fuera por las pataditas del renacuajo y el dolorcillo de espalda pensaría que me he equivocado de sala; Ordeñar los pechos cuando te pierdes una toma o tienes que volver al trabajo, ufff! es duro ver eso, no estoy preparada para ver a esa mujer sacándose leche de las tetas como una vaca... Las embarazadas nos miramos extrañadas y perplejas. Y luego todos los beneficios del milagro de la alimentación materna, para el niño y para la madre, aunque como profe interina tenga que volver al trabajo a las 13 semanas de haber dado a luz... la matrona sigue sus explicaciones sin percatarse de todo lo que pasa por mi cabeza...(y encima no me pagarán el sueldo completo los dos segundos meses de baja y el mes de agosto tampoco recibiré nada)...pum, patada...es todo cuestión de práctica y paciencia, estamos aquí para ayudaros...al niño no se le da otra alimentación que la leche materna mientras estáis en el hospital...no se les da chupete y se recomienda que no lo hagáis durante el primer mes...(cuántos kilos habré engordado en enero)...recomendamos poner el bebé al pecho inmediatamente después del nacimiento o en la primera hora de vida...(guardería o trabajar menos?)...la postura es muy importante a la hora de dar el pecho...(de cuánto estará esa).Torrente de pensamientos. La sesión se termina y vuelvo a casa en bici, veo que otras embarazadas también cogen sus bicis del parking, llego a casa cansadísima y me duermo media hora antes de irme a trabajar. Cambios, cambios, cambios...la vida, al fin y al cabo.
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